29.8.10

Cruzando el estrecho de Gibraltar


Una chica vuelve del colegio, es una tarde más.
Llega a su casa y empieza a ponerse nerviosa.
Elige que ponerse y se empieza a cambiar aunque faltan dos horas para verlo. Tan nerviosa está que se le quema la comida. No importa, la come quemada porque igualmente no le siente sabor.
Se pone tapaojeras, se pone base, se pone polvo volátil y se pone rimmel, también se arquea las pestañas. Para qué? se pregunta, si él la vió de todas las formas posibles. Por costumbre, se responde a ella misma, está acostumbrada a arreglarse para nadie.
Se plancha el pelo, aunque lo tiene bastante lacio.
Se convence de que está perfecta, impecable. Pero al mismo tiempo se da cuenta de que eso no alcanza.
Está al borde del colapso nervioso.no entiende los nervios.
Empieza a caminar por toda la casa.
Le llega el mensaje que tanto esperaba y sale a la luz del sol.
Empieza a caminar por el mismo camino que tantas veces camino, un camino muy corto que se hace eterno. Hace algún tiempo atras tenía contados cuantos pasos eran.Mientras camina se le pasan los nervios. Lo ve por la ventana. Se acerca a la puerta. Él abre la puerta,la mira y sonríe. Ella también.Los nervios ahora no existen.
Hablan durante un rato largo, como si el tiempo no hubiera pasado.
Sienten lo mismo, como si el tiempo no hubiera pasado. La chica mira por la ventana mientras le dice unas palabras que hace mucho tiempo quería decirle. Siente los ojos llenos de lagrimas, pero no las suelta, ya lloró mucho por el.
Se abrazan, se quedan un rato largo, los besos son los mismos que siempre.
La chica se va, por el mismo camino.
Está tranquila porque todo sigue igual.
La chica está loca, no hay lugar a dudas.

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